domingo, 30 de agosto de 2009
EL ÁNGEL VENDEDOR
Un joven soñó que entraba a un supermercado recién inaugurado y, para su sorpresa, descubrió que un ángel se encontraba detrás del mostrador.
- ¿Qué vendes aquí? - le preguntó-
Todo lo que tu corazón desee -respondió el ángel.
Sin atreverse a creer lo que estaba oyendo, el joven emocionado se decidió a pedir lo mejor que un humano podría desear:
- Quiero tener amor, felicidad, sabiduría, paz de espíritu y ausencia de todo temor. Deseo que en el mundo se acaben las guerras, el terrorismo, el narcotráfico, las injusticias sociales, la corrupción y las violaciones a los derechos humanos. Cuando el joven terminó de hablar, el ángel le dijo:
-Amigo, creo que no me has entendido. Aquí no vendemos frutos; solamente vendemos semillas.
Moraleja: Ya sabes, sólo depende de ti que las semillas que te han sido dadas al nacer se conviertan en frutos maduros y hermosos.
- ¿Qué vendes aquí? - le preguntó-
Todo lo que tu corazón desee -respondió el ángel.
Sin atreverse a creer lo que estaba oyendo, el joven emocionado se decidió a pedir lo mejor que un humano podría desear:
- Quiero tener amor, felicidad, sabiduría, paz de espíritu y ausencia de todo temor. Deseo que en el mundo se acaben las guerras, el terrorismo, el narcotráfico, las injusticias sociales, la corrupción y las violaciones a los derechos humanos. Cuando el joven terminó de hablar, el ángel le dijo:
-Amigo, creo que no me has entendido. Aquí no vendemos frutos; solamente vendemos semillas.
Moraleja: Ya sabes, sólo depende de ti que las semillas que te han sido dadas al nacer se conviertan en frutos maduros y hermosos.
¡UN BEBÉ ES EL VIVO RETRATO DE LA FE!
¡Un bebé es el vivo retrato de la fe!
¿Cómo recibimos el alimento espiritual que necesitamos del Señor? Es de lo más fácil: ¡basta con que tengamos la fe de un bebito! Cuando el pequeño llora porque tiene hambre, ¡sabe que a su madre no se le ocurriría negarle el alimento! Dios ha hecho que el niño sepa instintivamente que si llama, ella le contestará. ¡Él cuenta con la respuesta y la obtiene! ¡De igual modo cuando nosotros, como hijos de nuestro Padre Celestial, pedimos leche, Él indudablemente no nos dará una serpiente ni ninguna otra cosa! (Luc.11:10-13) ¿Y qué es lo que extrae la leche del pecho de la madre? Cuando el niño chupa, crea en su boca un vacío que hace brotar la leche. Cuando oramos, creamos un vacío así dentro de nuestro corazón: "¡Señor, he aquí este espacio vacío! ¡Llénalo Tú!" Cuando el niño es muy chiquito, la madre tiene que acercarle el alimento y mostrárselo. Pero al crecer, aprende automáticamente dónde hallar la leche y él mismo se la procura. ¡Así también nosotros, cuanto más practiquemos recibir el alimento de Dios, mejor sabremos dónde encontrarlo! ¡Y en tanto sigamos mamando, más recibiremos, pues Dios tiene una ilimitada capacidad de dar!
La Familia
¿Cómo recibimos el alimento espiritual que necesitamos del Señor? Es de lo más fácil: ¡basta con que tengamos la fe de un bebito! Cuando el pequeño llora porque tiene hambre, ¡sabe que a su madre no se le ocurriría negarle el alimento! Dios ha hecho que el niño sepa instintivamente que si llama, ella le contestará. ¡Él cuenta con la respuesta y la obtiene! ¡De igual modo cuando nosotros, como hijos de nuestro Padre Celestial, pedimos leche, Él indudablemente no nos dará una serpiente ni ninguna otra cosa! (Luc.11:10-13) ¿Y qué es lo que extrae la leche del pecho de la madre? Cuando el niño chupa, crea en su boca un vacío que hace brotar la leche. Cuando oramos, creamos un vacío así dentro de nuestro corazón: "¡Señor, he aquí este espacio vacío! ¡Llénalo Tú!" Cuando el niño es muy chiquito, la madre tiene que acercarle el alimento y mostrárselo. Pero al crecer, aprende automáticamente dónde hallar la leche y él mismo se la procura. ¡Así también nosotros, cuanto más practiquemos recibir el alimento de Dios, mejor sabremos dónde encontrarlo! ¡Y en tanto sigamos mamando, más recibiremos, pues Dios tiene una ilimitada capacidad de dar!
La Familia
sábado, 29 de agosto de 2009
LAS CUATRO ESTACIONES
Había un hombre que tenia cuatro hijos. El buscaba que ellos aprendieran a no juzgar las cosas tan rápidamente sin valorarlas en su conjunto y entonces decidió enviar a cada uno por turnos a ver un árbol de peras que estaba a una gran distancia. Todos sabían que visitarían el mismo árbol pero desconocían que lo harían en diferentes fechas del año.
El primer hijo fue en el invierno, el segundo en primavera, el tercero en verano y el hijo más joven en el otoño.
Cuando todos ellos habían ido y regresado, el los llamó y juntos les pidió que describieran lo que habían visto para que lo escucharan sus hermanos.
El primer hijo mencionó que el árbol era horrible, doblado y retorcido.
El segundo dijo que no, que estaba cubierto con brotes verdes y lleno de promesas.
El tercer hijo no estuvo de acuerdo, el dijo que estaba cargado de flores, que tenia aroma muy dulce y se veía muy hermoso, era la cosa mas llena de gracia que jamás había visto.
El ultimo de los hijos no estuvo de acuerdo con ninguno de ellos, el dijo que estaba maduro y marchitándose de tanto fruto, lleno de vida y satisfacción.
Entonces el hombre les explico a sus hijos que todos tenían razón, por que ellos solo habían visto una de las estaciones de la vida del árbol.
El les dijo a todos que no deben de juzgar a un árbol, o a una persona, por solo ver una de sus temporadas, y que la esencia de lo que son, el placer, regocijo y amor que viene con la vida puede ser solo medida al final, cuando todas las estaciones han pasado.
Si tu te das por vencido en el invierno, habrás perdido la promesa de la primavera, la belleza del verano y la satisfacción del otoño.
Moraleja:
No dejes que el dolor de alguna estación destruya la dicha del resto.No juzgues la vida por una solo una estación difícil.Persevera a través de las dificultades y malas rachas… pues sin duda vienen por delante mejores tiempos que nos harán olvidar el resto.La motivación y el amor por la vida no reside en ver lo que está ocurriendo en cada momento, sino en saber amar y disfrutar cada minuto siendo conscientes de que forman parte de un todo, y que ese todo es genial y está lleno de satisfaciones, independientemente de que este instante sea bueno, malo o regular.
El primer hijo fue en el invierno, el segundo en primavera, el tercero en verano y el hijo más joven en el otoño.
Cuando todos ellos habían ido y regresado, el los llamó y juntos les pidió que describieran lo que habían visto para que lo escucharan sus hermanos.
El primer hijo mencionó que el árbol era horrible, doblado y retorcido.
El segundo dijo que no, que estaba cubierto con brotes verdes y lleno de promesas.
El tercer hijo no estuvo de acuerdo, el dijo que estaba cargado de flores, que tenia aroma muy dulce y se veía muy hermoso, era la cosa mas llena de gracia que jamás había visto.
El ultimo de los hijos no estuvo de acuerdo con ninguno de ellos, el dijo que estaba maduro y marchitándose de tanto fruto, lleno de vida y satisfacción.
Entonces el hombre les explico a sus hijos que todos tenían razón, por que ellos solo habían visto una de las estaciones de la vida del árbol.
El les dijo a todos que no deben de juzgar a un árbol, o a una persona, por solo ver una de sus temporadas, y que la esencia de lo que son, el placer, regocijo y amor que viene con la vida puede ser solo medida al final, cuando todas las estaciones han pasado.
Si tu te das por vencido en el invierno, habrás perdido la promesa de la primavera, la belleza del verano y la satisfacción del otoño.
Moraleja:
No dejes que el dolor de alguna estación destruya la dicha del resto.No juzgues la vida por una solo una estación difícil.Persevera a través de las dificultades y malas rachas… pues sin duda vienen por delante mejores tiempos que nos harán olvidar el resto.La motivación y el amor por la vida no reside en ver lo que está ocurriendo en cada momento, sino en saber amar y disfrutar cada minuto siendo conscientes de que forman parte de un todo, y que ese todo es genial y está lleno de satisfaciones, independientemente de que este instante sea bueno, malo o regular.
TODA ÉPOCA DE PRUEBAS....
¡Toda época de pruebas y dificultades, toda época de sufrimiento, es también época de decisiones!
El sufrimiento es un catalizador: es el tiempo que pasas en el tubo de ensayo para que se vea si ya tienes la gracia necesaria para soportar algo por fe, o si ello te hace acudir a la gracia y buscar al Señor. El sufrimiento siempre logra una de estas tres cosas: purifica, humilla y limpia a los que somos salvos y nos acerca aún más a Dios; o hace que algunos de los que no son salvos acudan a Dios, llevándolos al arrepentimiento y la Salvación cuando claman al Señor en medio de su sufrimiento; o por último, hace que algunos maldigan aún más a Dios y merezcan Sus juicios con mayor razón. El Señor permite que el Enemigo pruebe a las personas; a menudo el Diablo las hace sufrir con la esperanza de que culpen a Dios de todo y se vuelvan contra Él (Job 1:6-12). El Enemigo levanta su dedo acusador ante el amor de Dios, deseando que "maldigan a Dios y mueran", como le aconsejó a Job su mujer. Pero el Señor quiere que soporten todo con fe y que confíen en Él a pesar de todo, diciendo, como Job: "¡Aunque Él me matare, en Él esperaré!" (Job 13:15) ¡Señor, haz que nuestras penas y sufrimientos nos mejoren, en lugar de volvernos resentidos! ¡En el nombre de Jesús, amén!
La Familia
El sufrimiento es un catalizador: es el tiempo que pasas en el tubo de ensayo para que se vea si ya tienes la gracia necesaria para soportar algo por fe, o si ello te hace acudir a la gracia y buscar al Señor. El sufrimiento siempre logra una de estas tres cosas: purifica, humilla y limpia a los que somos salvos y nos acerca aún más a Dios; o hace que algunos de los que no son salvos acudan a Dios, llevándolos al arrepentimiento y la Salvación cuando claman al Señor en medio de su sufrimiento; o por último, hace que algunos maldigan aún más a Dios y merezcan Sus juicios con mayor razón. El Señor permite que el Enemigo pruebe a las personas; a menudo el Diablo las hace sufrir con la esperanza de que culpen a Dios de todo y se vuelvan contra Él (Job 1:6-12). El Enemigo levanta su dedo acusador ante el amor de Dios, deseando que "maldigan a Dios y mueran", como le aconsejó a Job su mujer. Pero el Señor quiere que soporten todo con fe y que confíen en Él a pesar de todo, diciendo, como Job: "¡Aunque Él me matare, en Él esperaré!" (Job 13:15) ¡Señor, haz que nuestras penas y sufrimientos nos mejoren, en lugar de volvernos resentidos! ¡En el nombre de Jesús, amén!
La Familia
viernes, 28 de agosto de 2009
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